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Comportamiento
Todos los loros de mi colección me conocen.
Los cuido y los respeto. A cambio se comportan de forma amistosa cuando
estoy con ellos. Y eso, que la mayoría son loros errantes. O sea,
loros que han tenido muchos dueños, que pensaban que cuando el loro no
satisfacía sus expectativas, lo mejor era deshacerse de él, y otros porque
no lo podían atender. Sin pensar que un loro sufre trastornos mentales
cuando cambia de dueño.
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Durante
los años que llevo cuidando y criando loros siempre he aplicado una filosofía
muy sencilla: si quieres cuidar bien a un loro, tienes que ponerte en su
lugar. Estudios realizados en la universidad de Arizona, demuestran que
los loros tienen un coeficiente intelectual de un niño de tres años. ¿Te
imaginas lo difícil que es manejar un niño de tres años?
Pues, un loro criado a mano es igual.
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En cuanto a los cuidados de
los loros, hay que preguntarse ¿Qué necesidades tiene en cada momento
del día? ¿Y en cada etapa de su vida? Además, cada loro tiene su propia
"personalidad" y cuesta tiempo llegar a conocer los caracteres
de cada uno. Por este motivo, paso una parte importante de mi tiempo observando
el comportamiento de mis loros. Esas
observaciones me permiten determinar el porqué del comportamiento del
loro y hacer los ajustes adecuados en su entorno para que se sienta tranquilo
y a gusto. Un ejemplo. Un día,
el propietario de una tienda de aves me ofreció un Ara Manilata. El animal
había sido devuelto por sus compradores originales porque no paraba de
chillar. Estuvo más de un año enjaulado en la tienda, chillando y sin
poder interesar a otro comprador. El guacamayo ya era adulto cuando fue
capturado en la selva y transportado a Europa.
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Al ser capturado
siendo adulto y acostumbrado ya a la vida salvaje en la selva, el animal
difícilmente podía acostumbrarse a vivir en una casa con una familia.
El cambio era demasiado fuerte y todo lo que le rodeaba constituía una amenaza
constante.
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Esto ocurre con la mayoría
de los loros capturados en la selva. El "tratamiento"
en este caso consistía en poner el guacamayo en un entorno más familiar,
con otros loros, árboles, plantas, sol, lluvia y no hacerle caso durante
varios meses. El animal nunca llegará a ser un animal de compañía, pero
por lo menos ha encontrado la tranquilidad y la confianza para emparejarse
con una hembra de su especie. Ahora, cuando me acerco él, ya no grita.
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Otro ejemplo: un
día en la trastienda de una pajarería tenían un yaco, que sólo tenía plumas
en la cabeza. Se había arrancado todas las plumas del cuerpo y chillaba
si te acercabas. Me dio mucha pena y no lo pude resistir. Lo compré y me
lo llevé a casa. Después
de varias semanas de observación y algunas preguntas que hice en la pajarería,
llegué a la conclusión de que era un yaco capturado en la selva. Posiblemente
era una hembra reproductora y echaba de menos su vida anterior. Necesitaba
urgentemente un compañero. En aquellos días, tenía un yaco macho sin pareja,
y decidí juntarlos. Pero no funcionó. No se gustaron y tuvieron que ser
separados.
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Unas semanas después, vi un grupo de yacos
en el cual había uno con el ala rota. Era un macho, que tenía mucho miedo
a las personas (no en vano, se encontraba así por una mala manipulación).
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Decidí comprarlo, pues presentía que los dos loros, en su desgracia se
iban a entender. Y así ocurrió. Se entendieron rápidamente y a los
seis meses la hembra puso huevos. No estaban fecundados, pero la cosa
iba muy bien. Un año después, nació el primer yaco de esta pareja. Fue
una experiencia inolvidable cuando levanté la tapa del nido y estaba allí,
junto a su madre. Era una "bolita blanca". El milagro de la
vida se había producido. Hoy se llama "Coco" y lo puedes ver
en la primera foto de esta página, tomando el sol en la barandilla de
la piscina. El comportamiento de esta
pareja lo calificaría como una excepción. Es muy complicado
hacer criar a los loros, y mas aún si son salvajes.
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Todo
lo que he escuchado de las cotorras alejandrinas criadas a mano, es que
no sirven de mascota pues son muy independientes y no crean vínculo
con las personas. Mi pareja reproductora
el año pasado crió dos pichones los cuales retiré del
nido a los 15 días de edad para su cría a mano. Se criaron
perfectamente y cuando se independizaron se colocaron en jaulas independientes.
A la primera no se le manipuló para dedicarla a la cría y
ahora es una ave asilvestrada, ideal como reproductora. A la segunda se
le sacaba todos los días y se le ofrecía juguetes con los
cuales se divertía de lo lindo. Hoy cuando te acercas y le hablas,
te pone la cabeza para que la acaricies, cierra los ojos y se pasaría
horas en esa posición disfrutando, evidentemente, de las caricias.
Cuando la pones en el hombro disfruta con los botones de la camisa, juega
con el pelo, etc.
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En su jaula tiene
una mente muy despierta y se pasa el día jugando con piezas de plástico
de colores. Los palitos de frutales le encanta, a veces simula peleas con
algún juguete. Hablar, no habla pero sí repite sonidos como
los del beso, chasquidos, silbidos, todos aprendidos sin ningún esfuerzo.
Mi conclusión
de todo su comportamiento es que un loro criado a mano, hasta incluso las
especies en estado salvaje, reaccionan positivamente ante el carió
de las personas. ¿Os imagináis las atenciones que necesita
un loro que tiene un fuerte vínculo con su pareja?
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