Crianza a mano

La cría a mano es una tarea muy compleja y necesaria de muchos conocimientos y experiencia. Cada pichón necesita un trato personalizado para evitar sufrimientos innecesarios.

 

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Un loro criado a mano no sólo necesita papilla. Lo que más necesita es una madre y aquí está la diferencia que noto yo. Un pichón criado con cariño, con atenciones constantes y de la manera más natural posible, influirá en su comportamiento más positivo cuando llegue el momento de su socialización.

 

También presto una atención especial durante su crecimiento a un entorno natural, como sus hermanos en la naturaleza. La habitación de cría la mantengo siempre en penumbra como si estuvieran en un nido natural. Su "cama" está hecha de virutas de madera como la de sus hermanos en la naturaleza. Los pichones cuando quieren defecar escarban en las virutas y entierran sus deposiciones. De esta manera ellos no se ensucian nunca. Ese es el motivo por el cual son mansos: imitan la voz humana, les gusta jugar con nuestras cosas, se alegran de vernos, se dejan acariciar y son excelentes mascotas.

 

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La cría a mano de un loro, es lo que marcará su comportamiento en el futuro. Un loro salvaje, capturado en la selva, rara vez se adaptará al vivir en el entorno de una familia. Sin embargo, un loro nacido en cautividad y criado a mano por las personas, las adoptará como sus verdaderos padres.

 

Casi todos los meses del año nacen loros de distintas especies. Un pichón de loro necesita unas 6 tomas al día cuando tiene unos doce días de edad y tres tomas diarias cuando tiene tres meses. La papilla se calienta hasta los 40 grados centígrados y la controlo con un termómetro digital. 

 

Se la doy a los pichones con una jeringuilla desechable (sin aguja). Con una pipeta adaptada en la punta, descargo poco a poco la papilla, justo encima de la lengua del pichón y poco a poco va tragándola. Para mi es el mejor método. No es traumático como lo es la sonda de buche que utilizan algunos criadores. 

 

Además, no les da la oportunidad de saborear la comida, porque se inyecta directamente en el buche. De hecho, el pichón adquiere un vínculo especial cuando te ve: está alegre e impaciente cuando entras en la habitación con la papilla. Cada día se pesan y se anotan los gramos que va aumentando. Así, realizo un gráfico del crecimiento del pichón. A partir de los tres meses les pongo cada día fruta y semillas germinadas como complemento a la papilla, hasta que aprendan a comer solos y se independicen totalmente. Es muy importante que el pichón se críe junto con sus hermanos. De este modo, recibirá el cariño de ellos, los juegos y las caricias que se dan cuando todavía están en el nido. Esto influirá notablemente en la formación de su personalidad y tendrá - sin lugar a dudas - un carácter más equilibrado.

 

Por mi parte, varias veces al día visito los pichones. Les hablo y los acaricio, lo cual agradecen infinitamente. Te hacen soniditos y juegan con mi mano. Los pichones están instalados en una habitación contigua a mi dormitorio. Mas de una noche se despiertan y se ponen a llamarme. Unas veces por que un ruido les asustó, otras veces por que quieren una papilla nocturna. Ellos saben que conmigo no hay problema, pues me levanto y acudo inmediatamente con ellos. Se hacen los ajustes adecuados y todos a dormir, hasta la siete de mañana, cuando empieza la primera papilla del día.