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Inteligencia El comportamiento, y la forma en que un loro criado a mano entiende la vida, está más cerca de la forma de pensar de un niño que la de un adulto. Quisiera demostrar la inteligencia de loros y su capacidad para aprender, mediante el siguiente caso real, el caso de "Simba". Este caso también demuestra el papel especial que pueden tener los niños, respecto a la socialización de una mascota. |
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Simba Hace unos años regalé a mis sobrinos un pichón de loro hembra de cola vinagre (psittacus Erithacus de timneh). Mis sobrinos son gemelos y entonces tenían 10 años de edad. Bautizaron al loro con agua del grifo con el nombre de "Simba". La habilidad que demostraban mis sobrinos constantemente manipulando el loro no sólo me sorprendió sino que además me hacía reflexionar. |
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Mas o menos a los tres meses le habían enseñado a repetir numerosas palabras. Su método para enseñarle a hablar me hacía mucha gracia. Me decían: "Tío, para que el loro te comprenda, tienes que decir crac, crac, hola, crac, crac, hola", y así le enseñaban a hablar. El loro obedecía instantáneamente a la voz de mis sobrinos. Al escuchar "¡sube!" levantaba la pata. |
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Trepaba por una cuerda desde el suelo hasta un tendedero de ropa para tirar las pinzas al suelo. Hacía mímica, tirando el aire con fuerza por la nariz al ritmo que lo hacían mis sobrinos. Silbaba una melodía moviendo la cabeza de arriba abajo igual que ellos. El loro había desarrollado numerosos sonidos para expresar lo que quería y los niños lo interpretaban a la perfección. |
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Como no tenían dinero para comprar juguetes para su loro, usaban su imaginación y le proporcionaban toda clase de objetos de plástico, llaveros, piezas de puzzle, tapones de plástico de botellas; todo lo que hacía falta para que el loro no se aburriera cuando no estaban ellos. Fue tanta motivación, que Simba no paraba de inventar aplicaciones para tantos objetos. Un día, a Simba se le ocurrió la utilidad para un tapón de botella. Lo llevaba al comedero y lo sumergía en el. Cuando lo tenía lleno de pipas, lo sacaba y con cuidado de no derramarlo lo subía hasta su percha. Con su pata se lo acercaba al pico y comía directamente del tapón, demostrando su ingenio. Otra práctica habitual de Simba era lavar su comida en el recipiente del agua. La mayoría de las veces, llevaba las pipas y la fruta al recipiente y las dejaba caer en él. Inmediatamente las sacaba y se las comía. Como comprenderás, había que lavar su recipiente de agua varias veces al día. |
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Cuando desayunaban le daban un trozo de galleta. Simba la cogía, la llevaba al vaso de leche y la hundía, la sacaba y sólo comía la parte que estaba blandita, imitando a los niños. Le enseñaron a comer pienso extrusionado que les proporcionaba yo, y todo tipo de fruta y verduras. Francamente los padres pasaban bastante del loro. Simba lo sabía y lo demostraba porqué él tampoco quería saber nada de ellos. No eran sus amigos y el lo entendía perfectamente. Conclusión: tenemos mucho que aprender de los niños. Ellos tienen una paciencia infinita para educarlo. No son rencorosos cuando han recibido algún picotazo. Son muy constantes y no paran hasta que consiguen lo que desean. Tienen una imaginación sorprendente: se les ocurren cosas que yo ni imaginaría. Como por ejemplo enseñar a un loro eclectus a rodar sobre una mesa. Y sobre todas las cosas: consideran a un loro como a un amigo. |
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